Hace algún tiempo una de mis amigas publicó un Tiktok en sus stories en el que aparecían videos sobre parejas orando, rezando el rosario, yendo a misa y ese tipo de actividades en las que participamos los católicos con una descripción que decía “algún día…”. Y yo pensaba que junto a ella yo he crecido muchísimo en la fe y hemos aprendido a anhelar que los sueños de Dios para nuestras vidas se vuelvan realidad. ¡Ambas hemos sido testigos de que las promesas de Dios verdaderamente se cumplen y se vuelven palpables!
Pero ese día, viendo ese video de 20 segundos, pude recordar por ese instante que alguna vez yo también estuve ahí, sentada en mi cuarto un sábado por la noche, después de haber ido a misa sola, viendo redes sociales o películas en las que aparecían estas mismas escenas de parejas enamoradas, viviendo aquello que desde mi perspectiva parecía ser un amor “bonito”. Sin embargo, yo estaba ahí, sola, mientras mis amigas tenían citas y mi hermana estaba en el cuarto de al lado en una videollamada con su novio.
En ese momento de mi vida yo trataba de ocuparme en otros asuntos, incluso me gustaba mucho formarme en temas afines al amor humano, pero trataba de no soñar demasiado con el día en que pudiese llegar “mi momento”, porque me daba pavor pensar siquiera en la posibilidad de que ese día o esa persona, simplemente no llegara a mi vida. No quiero decir con esto que mi amiga estuviese pasando por lo mismo que yo pasé, pero hoy se que sí hay muchas personas, y de todas las edades, que hoy en día se han sentido defraudadas ante la espera de una persona con la cual anhelan vivir este tipo de experiencias. Y aunque podríamos pensar que es posible que cada uno elija vivir todo eso en compañía de un amigo, un familiar, o simplemente disfrutando de su propia compañía, no esta bien que nos mintamos ocultando que en el fondo nuestro corazón sí tiene un deseo profundo de amar y ser amados.
Muchas veces hemos experimentado el amor de Dios en oración, como un abrazo que conforta el corazón y nos hace entender que él permanece ahí a nuestro lado sin importar el momento que estemos atravesando, sea el más feliz o el más triste. Pero ¿cuántas veces también hemos necesitado conversar con alguien en esos días oscuros o abrazar en celebración de un acontecimiento que nos genere felicidad?
Si alguna vez has pasado por esta situación hoy quiero recordarte que: ¡Dios no se ha olvidado de los anhelos de tu corazón!
Aunque los días, los meses e incluso los años continúen su curso, Dios sigue manteniéndose fiel a sus promesas, y lo dice su palabra en la Carta a los Hebreos: “Sigamos profesando nuestra esperanza sin que nada nos pueda conmover, ya que es digno de confianza aquel que se comprometió” (Heb 10, 23). Si has depositado en Él tú confianza para que te otorgue el gran regalo de custodiar un corazón humano no dejes que la fe y la esperanza se apaguen, porque fiel es el que hizo la promesa.
Claro que Jesús quiere que encuentres un ser humano excepcional para compartir tu vida, esos abrazos, pláticas y caricias no solo aparecen en las películas y vos también sos merecedor de vivirlo, no tengás miedo de orar por eso.
Poco tiempo después de verme repetitivamente evadiendo en mis conversaciones con Dios e incluso con mis amigos el tema de las relaciones amorosas por ese temor que experimentaba cada vez que pensaba en que era posible que ese día nunca llegara a mi vida, tome la decisión de ser honesta, conmigo misma y con él. Esa era yo, la que también son o algún día con caminar de la mano de alguien que amara a Dios tanto como yo, pero que sentía que todos los chicos que la volteaban a ver no iban en la misma dirección.
Cuando comencé a pedirle a Dios que tomara el control de mi vida en esa área recuerdo que le comentaba a una de mis amigas que, aunque yo conocía muchos jóvenes increíbles que formaban parte de mi iglesia, sentía que ninguno de esos era para mí . Y aunque podría sonar como si yo estuviese pidiéndole a Dios demasiado, en realidad yo le había dicho a Dios que me sorprendiera, porque tenía claro que sus planes para mi vida eran mejores que lo que yo podía estar imaginando por tantas películas de Disney que había visto en esos años de espera, pero que yo iba a confiar en que él no se olvidaría nunca de mí, porque lo que era importante para mí, también lo era para él.
Y un día de tantos, en el que me dirigí a a un retiro de jóvenes de los que solía participar con bastante frecuencia, conocí a un joven que tenía algo especial. Ese día yo pude notar que en él había una sonrisa que solo podía ser producto del gozo que experimenta un corazón que se ha encontrado con el amor de Dios. Pero luego de esa actividad pasó el tiempo y no supe más de él… Al año siguiente, en una de las comunidades que frecuento hablamos de adoptar un Santo que nos acompañase durante el año, y recuerdo que me correspondieron San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza, una pareja que se dejó encontrar por Dios antes de encontrarse el uno al otro.
Pocos días después de haber recibido estos patronos yo seguía pidiéndole a Dios en mis oraciones que me mostrara qué significaba esto, y otro día de tantos, en otro servicio volví a encontrarme con el joven con el que actualmente vivo un amor mucho más increíble de lo que yo siempre había soñado, y juntos amamos servirle a Dios.
Dios tiene preparado una historia de amor auténtica, única e INDESCRIPTIBLE para vos, pero no dejés que tu fe se disipe y que tu esperanza agonice, continúa orando, confiando, abandonándote a los pies del amor, para que él sea quien tome esos anhelos de tu corazón y te sorprenda con un amor conforme a sus sueños.
Él quiere que aprenda s a amar y te sintás amado, pero no con un amor de película de Disney, sino con un amor real. Él quiere enseñarte a AMAR DE VERDAD, y no se ha olvidado de vos, solo esta esperando que volvás a confiar en sus promesas.
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